El 18 de octubre del 2019, subió de tono protestas que se venían dando desde una semana antes al menos. Un malestar que se fue gestando por el endeudamiento de la gente para lograr estudios universitarios, pauperrimas pensiones, miserable atención en hospitales, encarecimiento del coste de vida, y esas por nombrar algunas.
A eso debemos sumar que esta democracia... digo oligocracia, porque esta nunca fue un régimen democrático sino oligárquico. Nos vendieron que es democracia, cuando nunca lo fue. En fin, somos gobernados por una clase política que está al servicio de los grandes intereses económicos, y por ende desanclada del resto de la sociedad civil. Y esto no es nada nuevo, ha sido así desde que 1830 los conservadores se instalan en el poder.
Tenemos un modelo económico mal llamado “neoliberal”, porque más que libre mercado esto es protección de los grandes intereses económicos por el Estado, de los vaivenes que se originan en otras latitudes. Ahí están las subvenciones de dudoso origen, la exención de impuestos, la evasión del pago de impuestos, la impunidad a la hora de cometer faltas tributarias o legales, la manipulación de las reglas del juego para crear monopolios y oligopólicos, etc. El resto de los mortales no tenemos esa suerte.
Y todo ese panorama generó el caldo de cultivo para que llegáramos a las protestas dadas después del 18 de octubre de 2019. El detonate de ello, el momento en donde se colmó el vaso, fue con el alza de los pasajes del Metro en $30. Alzas así han habido todos los años. Pero esta en particular cayó mal, al ser un inoportuno momento para ejecutarla parece.
Las protestas se hicieron masivas. Cientos de miles de personas en las calles, entre marchas, cacerolazos, protestas, tomas de calles, etc. Hasta hubo quemas y destrucciones de estaciones de Metro, donde quedará siempre la duda de si fue o no montajes auspiciados por el Gobierno, para sacar a los militares a la calle y levantar el Estado de Emergencia. También hubo saqueos de supermercados y otros locales de menor envergadura, gente que siempre se aprovecha de estos momentos.
A la clase política les pilló de sorpresa esto que pasaba, no esperaban que ocurriera en ese momento. Aunque algunos afirman de que hubo organizaciones secretas apoyadas por el sector “izquierdista”, para joder al Gobierno etc. Ahí vimos como todos por igual se llenaron la boca con palabras hipocritas, como “hay que preocuparse por las necesidades de la gente”.
De pronto, salió un viejo anhelo que existe hace décadas, por lo menos desde que se acabó la tiranía de Pinochet y compañía: Una asamblea constituyente para crear una nueva Carta Magna, como la panacea que sanará todos los males de nuestra sociedad.
La clase política, y esto que diré lo viene haciendo desde 1830, se sacó un as de la manga para resolver la situación de una forma en que les favorezca a ellos y a los intereses que sirven: Reformaron la Constitución actual, la de 1980, para generar un plebiscito donde se le preguntará a la ciudadanía si quieren o no un proceso constituyente, y si sus miembros son parcial o totalmente gente nueva. Además establecieron el camino que este proceso debe llevar de comienzo a fin.
Todo este camino constituyente fue generado por ellos, ya lo tienen todo cocinado, todo previsto, y sin preguntarnos si lo queríamos así . Aquí viene una pregunta legitima, ustedes creen que esa misma clase política, que nos ha gobernado por generaciones, que nunca han tenido un interés real por la sociedad, que nos permitió llegar a lo que vivimos hoy, van a hacer todos los cambios necesarios para atender todas nuestras demandas postergadas por décadas?
Saben por qué se sacaron este proceso constituyente del bolsillo? Porque saben que la gente entre su ignorancia y sus anhelos de cambios, iban a picar con eso a la primera sin titubear. Mientras se les seduzca con la ilusión de que ahora sí será todo diferente, van a estar fascinados y tranquilos participando, y hasta defendiendo el proceso.
En ese momento la clase política ganó de nuevo, pudo respirar tranquila, y no se preocupó más del asunto. Las palabras sobre “las necesidades la gente” se olvidaron, y siguieron las de preocuparse quien será el próximo presidente, quien se pone como convencional si es que sale el apruebo, es decir como acomodar fichas en el tablero acorde a un mejor manejo.
Mientras la gente se pelea por si apruebo o rechazo, si o no, izquierda-derecha, Pinochet-Allende, ellos relajados están afinando los últimos detalles para continuar en el poder como siempre. Claro, hay gente atenta al no quedarse dormida en los laureles. Pero tienen capacidad real para vigilar el proceso? Hay alguna garantía que puedan utilizar a su favor?
La gente en este orden actual NO tiene poder alguno. Ni siquiera el voto es poder, porque sólo se refrenda opciones ya predeterminadas por la clase política que gobierna. Recuerden que este plebiscito se lo sacaron ellos del bolsillo sin consultar a nadie.
Marchar es poder? Llenar las calles de gente es poder? Hacer cacerolazos que se oigan desde Arica a Punta Arenas es poder? Pues hasta donde tengo entendido un poder sería uno que le haga contrapeso al que tiene la clase política. Algo que los amenace realmente de su posición. Formas de organización creados por la gente misma, para autocuidarse, para autoregularse, ejercitos paramilitares, autoridades paralelas a las que existen, ESOS son ejemplos de poderes paralelos a los que existen. Pero eso de marchar y hacer el mayor ruido posible, no tiene ningún efecto real a pesar de lo llamativo e ilusionario que tiene. Hacer eso sin que la gente cuente con una entidad creada por ellos mismos para manejarse y cuidarse, sin un consenso de lo que se quiere y del camino bien detallado de como se quiere, es simplemente marchar por marchar, gritar por gritar.
Y como no hay nada detrás de esa marcha y el bullicio, le dan espacio a la clase política para que se saque una “solución”, que si bien la venden como una “ayuda” para todos, es sólo para ellos mismos y a quienes sirve.
Quieren ejemplos? Año 2011, estudiantes secundarios y universitarios protestando, marchando, tomando liceos y facultades, al grito de educación gratuita y de calidad. Si bien hubo dirigentes estudiantiles, hubo discusiones sobre cómo lograr dicha educación, nunca se llegó a un camino para lograrlo, que fuera defendido al unisono por todos. Nadie quería dar su brazo a torcer parece. Y que solución se terminó dando? Que Michelle Bachelet llegara a su segundo gobierno, con la gratuidad debajo del brazo como solución, la cual es meramente que la subvención que antes se entregaba a liceos ahora se la dan a estudiantes. Y es una glosa del Presupuesto anual del Estado, donde en cualquier momento puede ser borrada de un plumazo. Ayudó a estudiantes, pero sin cambiar en un ápice el statu quo.
Que pasó hace casi un año? Marchas, protestas, cansados de muchas injusticias sociales, cambiar la constitución, etc. Hubo cabildos, sí, pero quedaron en qué? No se llegó a un proyecto de constitución común, verdad? No hay también algún ente, no tiene porque ser una persona puede ser un grupo, una asamblea, que defienda las aspiraciones de la gente, y como encauzarlas en un proyecto. Y como no lo hubo, qué pasó? Llegó la clase política con su “proceso constituyente” bajo el brazo, preparado hasta los suspiros, y listo.
Proceso que implica elecciones de convencionales donde muchos serán parte de la clase política, donde los quorum son de 2/3 para aprobar artículos, donde no hay segunda o tercera instancia para sacar cambios, etc.
Y en vista de todo lo que acabo de decir, considero que es mejor no participar en este nuevo engaño que la clase política nos ha invitado, con la mentira de que ahora sí cambiará todo, ahora sí se preocuparán de nosotros, ahora sí van a escucharnos, ahora sí viviremos en una sociedad mejor.
No iré a votar, y si es obligatorio, prefiero anular o romper la papeleta y pagar la multa que me pasen. Y los invito a lo mismo.
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